Ni muy joven, ni demasiado antigua, esta formación es el mejor ejemplo de son cubano para el nuevo milenio. Fundado en 1995 por Fernando Dewar —director y tresero del grupo—, el Septeto Santiaguero aglutina a siete virtuosos músicos, forjados en santuarios musicales como La Casa de la Trova o El Patio de los Dos Abuelos, y presenta en su alineación tres cantantes solistas, Rubén Matos (asimismo guitarra y bajista), Inocencio Heredia e Ismael Borges, más Alberto Castellanos en la percusión, Dairon Robert al bajo y Edy Lobaina a la trompeta, amén del mencionado Dewar.
Un auténtico dream team del son cubano, que alberga 6 discos en su trayectoria musical, y que ahora presenta una nueva producción, editada por Picap, grabada a caballo entre los míticos estudios Siboney de Santiago de Cuba (donde Compay Segundo realizó sus primeras grabaciones) y Axis de Madrid, y masterizado en el estudio 44.1 de Aguaviva (Girona) por Toni París. Oye mi son santiaguero es el título de este nuevo álbum del Septeto Santiaguero, a ritmo de guaracha, bolero, son y changüí, que incluye 11 temas de nuevo cuño, uno de ellos, Cuestiones de amor, obra del famoso sonero cubano Adalberto Álvarez.
El ritmo contagioso del Septeto, con esas letras picantes y con doble sentido tan típicas de la guaracha, afloran desde el primer tema, Esa niña, qué cintura, donde se lanza un guiño a la Charanga Habanera con el estribillo "que dicen que soy un temba, que ya pasé de cuarenta, y solo tengo una jeva cuando me pasa la cuenta". Más explícitos y picarones son los temas Son cocos, una oda sonera a ciertas protuberancias de la anatomía femenina o La acupuntura, que empieza con esta sutileza: "Yo sé de una acupuntura que tiene punta y que es dura, si tú sabes colocarla en el punto deseado, el resultado logrado no tiene lugar a dudas".







